Oscar Hector Paco Barrera
REFLEXIÓN DEL FIN DE SEMANA
En los juegos de la política, no es raro que cualquier estreñido exhala flatulencias ruidosas para que lo vean, igual no falta un desconocido que provoca chispazos y levanta ampollas como el zancudo del Chapo Soto.
Lo digo por aquello de que como en las peleas de box, al calor de la emoción y algunas ambarinas les sale el JC Chaves o Cuyo Hernández que llevan dentro y también le quieren entrar a los catorrasos sin ser dueños del ángel que se requiere tanto para pegar socialmente como políticos; o en su caso para el boxeo o ser entrenador.

En los setenta y dos municipios del estado y los veintiún distritos electorales, ya son más los ofrecidos a ser candidatos (as), que los asistentes a misa los domingos al medio día.
Cómo los tamales, en los aspiracionistas políticos, los encuentra de dulce, chile y de manteca y hasta de elote dulce y salado. El espíritu de servir desde el cargo público, igual que el sacerdocio y el magisterio son de necesaria vocación para hacerlo efectivo; sin embargo, al menos en política, lo han ido sepultando en el arenal de la ambición personal o los intereses de grupo.
Las famosas convocatorias a las “caras nuevas” en política son tan antiguas como las generaciones existentes. Hasta el dos mil, las caras nuevas le chambeaban en todos los partidos con más fé que probabilidades de llegar y cumplida la curva de aprendizaje y por merecimientos, saltaban a la palestra.
En el Nuevo milenio las “caras nuevas” llegan por ofrecimientos de partidos, recomendaciones, herencias de papi o mami que habían alcanzado cualquier cargo electoral o burocrático en el gobierno X, o aquella tradicional figura de “sobrino” de influyentes.
Es válido reconocer que también los hay, aunque muy ocultos, mujeres y hombres con vocación de servicio, que caminan con dificultad en ese mundo bizarro de la política mexicana.
El mayor enemigo de la patria sin duda, sigue siendo la corrupción, la inexistente separación de poderes y el nepotismo existentes en las tres ordenes de gobierno. El combate, no lo traen caudillos, menos improvisados(as), está en manos del ciudadano que elige, bajo conciencia que su voto se debe reflejar en una mejoría completa en nuestro sistema de vida: Salud, seguridad social y pública, educación, generación de empleos por mencionar algunas.
Ni el PRI, o el PAN o el PRD como Institutos políticos y entidades de interés público han sido corruptos y traidores a la patria. Muchos priístas, panistas y perredistas fueron y algunos siguen siendo deshonestos, infieles a su cargo, sinvergüenzas y ladrones del erario; aunque hoy con chaleco guinda. Ellos, las personas son corruptas, las instituciones son intangibles, existen en documentos básicos, reglas internas y principios inculcados.
Los partidos políticos, todos en México, nacionales y locales giran inexplicablemente en torno de Morena; hasta los dos de reciente registro. Apenas cuatro de los diez nacionales, difieren de la “a” a la “z” del sistema actual de gobierno. Los otros cinco, como remoras siguen al oficial, algunas veces le pegan su tarascada y quieren más.
El discurso opositor se ha convertido en cantaleta de términos peyorativos y vocablos cargados de una valoración negativa y retórica de confrontación, que si bien es cierto suelen ser realidades, también conceden al oficialismo con su lenguaje soez generar el comentario social afecto al espectáculo cómico de carpa.
¿Entonces, usted también se anima a candidatearse?
