MI COMENTARIO DE HOY

LA IZQUIERDA Y LA DERECHA EN POLITICA: NO ES DOCTRINA, ES RUMBO

COLUMNAS

Oscar Hector Paco Barrera

4/22/20262 min read

En política, más en la nuestra, la izquierda y la derecha es un mito que confunde las inclinaciones de quienes gobiernan, con las condiciones del país o estado que se gobierna.

La distinción entre izquierda y derecha es, en efecto, uno de los ejes más utilizados y a la vez, más desgastados del análisis político moderno. En México, esa frontera es particularmente borrosa debido a la mezcla de un nacionalismo histórico, una estructura económica globalizada y una cultura popular profundamente arraigado.

El pragmatismo popular del actual gobierno se define como de izquierda por el enfoque prioritario en los programas sociales de transferencia directa y la narrativa de "primero los pobres", que simula reducir la brecha de desigualdad. Rompe el molde la política fiscal similar a la que práctica cualquier gobierno conservador junto con una alianza estratégica con grandes capitales nacionales y una estructura militarizada en tareas civiles.

México es una de las economías más abiertas del mundo. El acceso a bienes y servicios globales es parte del día a día, y esa dinámica difícilmente se detiene por el discurso político en turno. Sin embargo, las medidas constitucionales recientes que atentan contra la certeza jurídica en todos sus ámbitos, nos colocan en un alto riesgo de no continuar activos en la economía globalizada.

Más que un mito, parece que estamos ante una "Sopa Ideológica". México opera bajo un modelo donde el Estado intenta el control político, mientras la sociedad sigue operando bajo una lógica de mercado global. Al final, el ciudadano promedio suele ser pragmático: apoya lo que le beneficia directamente en el bolsillo o en sus servicios, independientemente de si la etiqueta es roja,azul o guinda venezolana.

El corazón de la izquierda que gobierna México, mantiene el Programa Social como red de seguridad. La promesa de transferencias directas o apoyos económicos hace creer que se atiende a la enorme deuda histórica de desigualdad. Para un sector amplio de la población, el programa social es una condición de subsistencia, gracias al enorme presupuesto disponible para convencer de ello al gran mercado de votos.

Por otra parte la eficiencia de la derecha en la convocatoria de atraer inversión y generar empleos bien pagados, apela a la clase media y a los sectores con aspiraciones de un mejor nivel de vida. Aquí es donde entra la lógica del mercado: la gente entiende que el programa social ayuda a sobrevivir, pero solo el empleo y la estabilidad económica permiten progresar, consumir y mejorar su calidad de vida.

Todo lo descrito, convierte a nuestro sistema de gobierno en una especie de "Pragmatismo Electoral", donde las etiquetas ideológicas se sacrifican en el altar de la rentabilidad de votos. En México, las campañas suelen ser una competencia por ver quién ofrece el modelo híbrido más atractivo, dejando la pureza doctrinal para los libros de academia.

La Paradoja: Se puede votar por un gobierno que critica el "neoliberalismo" mientras se utiliza una tarjeta de crédito para comprar tecnología de punta. No es necesariamente una contradicción para el ciudadano, sino una adaptación a un sistema híbrido.

Al final, parece que el éxito de una campaña en México depende de qué tan bien logre el candidato convencer a los ciudadanos de que puede ser protector y promotor al mismo tiempo, sin que una agenda devore a la otra.