BIOGRAFÍAS SONORENSES.

Bulmaro Pacheco

De los gobernadores de Sonora del siglo XIX que tienen
biografías publicadas destacan: Ignacio Pesqueira García, Carlos
R. Ortiz Retes y Ramón Corral Verdugo. Faltan las de los Torres
(Luis Emeterio y Lorenzo) y la de Rafael Izábal, entre otros.


En el siglo XX, el exgobernador de Sonora que más biografías
escritas tiene es Abelardo L. Rodríguez y es comprensible.
Hasta ahora, la última fue escrita por Ramón Cota Meza este
año: “Abelardo L. Rodríguez, las palabras y los hechos”.
Rodríguez fue primero gobernador del Territorio de Baja
California entre 1923 y 1930. Sería después secretario de Estado
en dos ocasiones, presidente de la República entre 1932 y 1934
y gobernador de Sonora de 1943 a 1947.


Cuando fue creado el Estado de Baja California en 1952, algunos
de sus partidarios lo trataron de convencer para que aceptara la
candidatura a gobernador del nuevo estado, pero el presidente
Adolfo Ruiz Cortines ya tenía candidato: Braulio Maldonado.
Rodríguez, que realizó mucha obra en Sonora con el apoyo del
gobierno federal, interrumpió su sexenio en 1947 y se retiró a sus
negocios privados en Baja California. Vivió sus últimos años en El
Sauzal, municipio de Ensenada, y murió allá en 1967.


La biografía de José María Maytorena escrita por la historiadora
Laura Alarcón Menchaca (2008) no tiene desperdicio.
Abarca desde sus inicios en la política con su padre —del mismo
nombre—, liberal, eterno aspirante al gobierno de Sonora.
Destacó por su acompañamiento al prócer Francisco I. Madero
en su campaña para derrotar a Porfirio Díaz. Al triunfo de
Madero, Maytorena asumió la gubernatura para el período 1911-

  1. Con controversias y turbulencias políticas —por el golpe de
    Estado de Victoriano Huerta y su enfrentamiento con Carranza—
    y sus seguidores, así como su alianza con Villa y la ruptura con
    Calles y Obregón, que provocaron su exilio en los Estados
    Unidos de 1915 a 1935 y la expropiación de sus bienes. Murió en
    la Ciudad de México en 1948.

Adolfo de la Huerta, también de Guaymas, hizo carrera política
local como diputado por el Puerto y en Sonora auxilió a
Venustiano Carranza, jefe del ejército constitucionalista y líder
indiscutible de la oposición contra el gobierno usurpador de
Victoriano Huerta. Fue gobernador de Sonora entre 1919 y 1923
y combinó el cargo con varias comisiones federales encargadas
por el propio Carranza. En esa calidad lo sorprendió el asesinato
del Presidente Carranza en 1920, y el Congreso lo nombró
Presidente sustituto de mayo a diciembre de 1920.


Fue secretario de Hacienda en el gabinete del Presidente Álvaro
Obregón hasta finales de 1923, cuando renunció y se rebeló por
no haber sido escogido para sucederlo, provocando una seria
rebelión militar que puso en riesgo la viabilidad del proyecto de
los sonorenses en el poder. De la Huerta tuvo que exiliarse en
Los Ángeles, California, donde sobrevivió dando clases de
música y canto. Regresó a México en el gobierno de Lázaro
Cárdenas y en varios sexenios ocupó cargos como director de
pensiones y coordinador de consulados. Murió en la Ciudad de
México en 1955. Hay varios libros sobre Adolfo de la Huerta,
entre ellos sus memorias y una biografía bien hecha por Pedro
Castro.


Plutarco Elías Calles fue gobernador de Sonora entre 1915 y

  1. Irónicamente, no existe todavía una buena biografía
    —completa— del personaje más importante de Sonora en la
    política nacional en la era posrevolucionaria.
    La biografía más completa, porque abarca toda su carrera, se
    encuentra escrita en inglés por Jürgen Buchenau: “Plutarco Elías
    Calles and the Mexican Revolution” (2023).
    Calles fue gobernador, secretario de Estado varias veces,
    presidente de la República y fundador del PNR. Estuvo exiliado
    en San Diego, California, de 1936 a 1941. Nació en Guaymas en
    1877 y murió en la Ciudad de México en 1945.

  2. Rodolfo Elías Calles y Román Yocupicio tienen sus biografías:
    “Vida y obra de un sonorense: Rodolfo Elías Calles” de Manuel S.
    Corbalá (1970), y “La conexión Yocupicio” de Ignacio Almada.

No existen biografías escritas de los exgobernadores Anselmo
Macías Valenzuela (1939-1943), Ignacio Soto (1949-1955),
Álvaro Obregón Tapia (1955-1961), Luis Encinas Johnson (1961-
1967), Faustino Félix Serna (1967-1973) y Rodolfo Félix Valdés
(1985-1991).


Sobre Carlos Armando Biébrich se escribieron dos libros: uno del
periodista bajacaliforniano Jesús Blancornelas, “Biébrich, crónica
de una infamia” (1978), y otro del propio exgobernador —“He
vivido con dignidad”— de editorial Porrúa (2014). Biébrich quiso
dejar testimonio en sus memorias con relatos sobre su vida
política local y nacional, sus razones y sobre los sucesos que
acompañaron su caída del poder en 1975. Biébrich nació en 1939
y murió en 2021.
Alejandro Carrillo Marcor dejó testimonio sobre su período de
gobierno como gobernador sustituto en un libro de su propia
autoría: “Apuntes y testimonios”, impreso en 1989 en los talleres
de “El Nacional”. Carrillo nació en Hermosillo (1908) y murió en 1998.

La biografía y memorias del exgobernador Eduardo Bours
al parecer están en proceso. No se sabe que se estén
escribiendo biografías de los exgobernadores Manlio Fabio
Beltrones, Guillermo Padrés y Claudia Pavlovich.


Ignacio Lagarda Lagarda, cronista de Hermosillo, lleva ya dos
libros sobre los exgobernadores de Sonora: las memorias de
Armando López Nogales —“Mis raíces y mis años”—, aparecidas
en 2019, y la llamada “biografía libre” de Samuel Ocaña García,
que apenas fue impresa y presentada este año.


La obra que relata la vida y la obra del gobernador Ocaña (1931-
2024) lo pinta como un personaje político sui géneris.
Junto con Rodolfo Elías Calles, han sido los únicos
exgobernadores de Sonora que regresaron —después del retiro
político— para ser presidentes municipales de sus respectivos
pueblos: Arivechi y Cajeme, aunque el hijo de don Plutarco había
nacido en Guaymas en 1900. Murió en Houston en 1964.
Lagarda ha expuesto en la biografía de Ocaña todo un caudal de
información derivado de innumerables entrevistas con

    colaboradores cercanos del exgobernador y fuentes
    documentales bien sustentadas de sus principales aportaciones a
    Sonora de 1979 a 1985, que le tocó gobernar el estado.


    Las memorias y las biografías de los gobernadores son
    sumamente útiles para conocer sus verdaderas aportaciones al
    desarrollo de Sonora más allá de la publicidad y las controversias
    generadas por los personajes en el ejercicio del poder. Lo bueno
    o lo malo de los gobernadores se reflejan en sus capacidades
    para gobernar hacia el interior de la entidad y el talento político
    para lidiar con el gobierno central, fuente de la mayoría de los
    recursos de inversión en los estados. En ese terreno, en Sonora
    hemos tenido de todo y para todos los gustos.


    Ignacio Lagarda, con la biografía de Ocaña, ha puesto el dedo en
    el renglón con elementos para evaluar la labor del hombre
    político, la del gobernante visionario y la de quien aprovechó la
    oportunidad que le dio el sistema —bien ganada, por cierto—
    para servir a sus paisanos y tratar de combatir a fondo los
    problemas generados por la desigualdad social y la inequidad
    económica. Enhorabuena, porque obras de esa calidad nos
    hacen falta en Sonora para tratar de desentrañar las
    complejidades de la política y su ejercicio en una entidad rica en
    historia.
    bulmarop@gmail.com

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