ARMANDO VÁSQUEZ A.
Designación con heridas abiertas
MUCHO SE VA A ESCRIBIR sobre la llegada de Lorenia Valles a
la gran competencia y cuyo partido, Morena, según las encuestas, lleva la
delantera. Pero momento pues habrá borrón y cuenta nueva ahora que los
pretensos tienen rostro y apellido (junto a Toño y a Colosio Jr.) lo que dará otro tipo de mediciones que
veremos en el cortísimo plazo.
Hay un ingrediente que vale la pena analizar: el equipo de
trabajo. Con Lorenia se conformará un dream team como ocurre con los equipos de
beisbol que se respaldan junto con jugadores de otras novenas cuando se trata
de representar a México en la Serie del Caribe lo cual deja ciertas heridas en
aquellos que no son seleccionados, aunque hayan pertenecido al equipo ganador.
Así es como nacen los traidores.
Por eso no es de extrañar que el cuarto de guerra morenista
se amplíe con más personal sobre todo de Alfonso Durazo, el padrino de Lorenia,
por lo que se hará a un lado a aquellos que se consideren sin experiencia para la
gran campaña. El gobernador no se va a arriesgar a una posibilidad de derrota. El
séptimo año debe ser suyo por todo lo que ello implica para él.
Otra cargada más que se sumarán de refuerzo a la campaña
serán los enviados del centro del país lo que mandará más abajo a los
originales del cuarto de guerra de Lorenia. El detalle serán los egos pues tienen
en contra aquella máxima de que gobernador no deja gobernador en obvia
referencia a que la senadora, siempre se dijo, no era la favorita de la
presidenta. Ya veremos si se rompe este mito político.
Lo obvio en estos momentos es el trato con pinzas que debe
dispensar Lorenia a los perdedores. La reacción de Célida López, quien rompió
en llanto inconsolable y se negó a aplaudir en el templete, no fue producto de
la emoción, sino de la estupefacción e impotencia. Su disgusto fue tal que salió
corriendo del salón Olmeca del World Trade Center y rechazó dar declaraciones a
la prensa. En sus redes siempre pidió que le mostraran los resultados. Obvio
que no fue así.
Como han apuntado otros colegas, ella tenía la certeza de
haber ganado en las encuestas, a lo que se suman negociaciones de altos vuelos
entre el PT y Morena que la hacían sentirse ungida. No era para menos: durante
el evento oficial, las únicas banderas que flanquearon el presídium fueron las
del PVEM y el guinda —excluyendo por completo al PT—, una exclusión que la
propia dirigente nacional confirmó al presentar a Lorenia como coordinadora
designada exclusivamente por ambas fuerzas.
Y en el caso de Javier Lamarque, quien tampoco aplaudió, se
le puede observar en los videos con una cara adusta, descompuesto, seco, sin
risa y no felicitó a Lorenia públicamente. Cuando lo entrevistaron al final del
evento ante los gritos de fraude de sus seguidores los desdeñó y habló de estar
conforme y apoyar a la ganadora. Pero tres horas después del evento, en sus
redes sociales no habían manejado ni él, ni el senador Heriberto Aguilar, su
encargado de campaña, una sola línea de felicitación a Lorenia.
Por cierto, no creo que Lamarque y Lorenia hayan llegado a
un acuerdo relacionado conque hoy será ella y dentro de tres años él, pues para
entonces Javier tendría 76 años de edad y la condición biológica no es la
misma.
Quizá si Lorenia nombrara a Javier como encargado de la
campaña en el sur, colocando a su gente y a Célida en el norte, pudiera lograr
una tersa y significativa alianza, aunque se ve difícil pues los operadores
nacionales son muy cabrones y no se andan con contemplaciones ni conocen los
delicados equilibrios de las tribus sonorenses; su única divisa es la entrega
de resultados numéricos para la causa federal.
Así, hay el riesgo de que Lorenia no sea la arquitecta de su
propia contienda y en ese tenor es cuando pesa el sur donde la psicología
política de Obregón y el Valle del Yaqui históricamente ha operado con un
recelo natural hacia las decisiones centralizadas en Hermosillo, percibidas
muchas veces como imposiciones del “hermano mayor”. A estas tribus no es factible pensar en
someterlos a costalazos pues son muy resentidos y su apoyo puede ser de dientes
para fuera y traducirse en una peligrosa inercia de brazos cruzados.
Célida y Javier siguen dolidos y más cuando se enteren de la
algarabía y porras de los seguidores de la senadora en los festejos de
victoria. Los perdedores están tan sensibles que una mala cara les va a doler. Claro,
este evento será el punto de partida para iniciar la operación cicatriz que le
corresponde a Lorenia personalmente realizar. No puede enviar a nadie pues
sería ofensivo. Las heridas duelen y corre el riesgo de que, si no actúa
finamente y con prontitud, puede que no sanen adecuadamente o bien, queden
abiertas.
EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 35 años de
experiencia en medios escritos y de internet, cuenta licenciatura en
Administración de Empresas, Maestría en Competitividad Organizacional y
Doctorando en Administración Pública. Es director de Editorial J. Castillo,
S.A. de C.V. y de “CEO”, Consultoría Especializada en
Organizaciones…
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