Bulmaro Pacheco.
Decir a cada rato que en México no existen las oposiciones
políticas, que lucen desdibujadas, que están divididas, que están
moralmente derrotadas y que Morena las va a arrollar en las
próximas elecciones ha sido parte muy importante de la narrativa
oficial en estos ocho años de gobierno de la autollamada cuarta
transformación. Más ficción que realidad o, como diría el pueblo,
puro cuento, porque esa narrativa le conviene al régimen.
Ha sido una narrativa que ha confundido y que ha influido en
cierta medida en los miembros de algunos partidos políticos que
se han dejado llevar por las versiones oficiales y por las tesis
catastróficas y conspiranoicas que por ahora abundan.
De ser así, entonces, ¿por qué a cada rato mencionan a las
oposiciones desde el lado oficial?
Actualmente no hay conferencia mañanera en la que no se
mencione a los principales partidos políticos de oposición para
achacarles todo tipo de culpas. No hay discurso oficial, de
cualquier nivel de gobierno, que no los señale como los culpables
del atraso de México durante, cuando menos, los últimos 36
años, a pesar de que quienes hoy gobiernan ya llevan ocho años
haciendo y deshaciendo en el poder.
Las oposiciones, tanto en los partidos políticos como en la
sociedad, existen y están vigentes. Hay inconformidades sociales
que se manifiestan ahora por doquier y en cualquier instancia.
En la elección de 2024, los partidos opositores lograron el 46 %
de la votación nacional, contra el 54 % del oficialismo y sus
aliados. Pero las trampas y los excesos de las instituciones
—encargadas de arbitrar el conflicto político— inclinaron la
balanza para darles a las oposiciones solo el 26 % de la
representación, contra el 74 % de Morena y sus aliados, cuando
los resultados electorales dijeron todo lo contrario.
A partir de ahí, y con operaciones de compraventa política —de
algunos opositores—, el sector oficial logró hacerse de mayorías
calificadas en ambas cámaras. ¡Ay, las debilidades humanas!
Claro que las oposiciones políticas en México existen y están
trabajando. Por ahora se organizan, difunden ideas, reclutan
cuadros y buscan afanosamente perfiles humanos competitivos y
viables para postularlos como candidatos en el proceso electoral
del próximo año, básicamente para las 17 gubernaturas estatales
y la renovación de la Cámara de Diputados.
La realidad que ahora viven las oposiciones es muy diferente de
la que vivieron en el pasado, al menos hasta 2018, cuando
dialogaban con el poder e impulsaban reformas.
Ahora, desde el poder, se ataca y se descalifica tanto a sus
dirigentes como a sus posturas sobre la problemática nacional;
se amenaza con el desafuero a quienes son legisladores y,
además, se les endilga el calificativo de «conservadores» y se les
señala como enemigos del cambio por oponerse a las decisiones
oficiales. Es más, se les ha llegado a motejar de «traidores a la
patria» por el solo hecho de oponerse a reformas debilitadoras de
las instituciones en el pasado reciente.
La animadversión contra los opositores —más allá de la
ideología— tiene sus raíces en una concepción especial de los
asuntos públicos por parte del grupo en el poder.
No se les da el diálogo ni lo quieren. Como grupo en el poder, los
de la autollamada 4T rechazan reunirse con los opositores. No
admiten soluciones a los problemas locales y nacionales que no
provengan de sus concepciones ideológicas y de sus
resentimientos contra los partidos que ejercieron el poder en el
pasado.
Así se explica la cancelación de programas oficiales y reformas
que ya estaban funcionando en México. Algunos, como el Seguro
Populariza reforma educativa y el Fondo Minero, ya estaban
arraigados entre la población, pero eran parte del pasado. ¡Ay, el
pasado que los tortura! También se nota que han administrado la
política con criterio burocrático y jerárquico, que no han hecho
política —con nadie— y que han tratado de sumar clientelas
políticas de otros lados para fortalecer los programas de gobierno
que les han dado rentabilidad electoral.
No han tenido el feeling político para llegarle a la gente y lograr
que la gente los identifique más allá de sus períodos de gobierno.
No conviven con nadie que no sea de su grupo político o de su
clientela y no han arraigado la convivencia a nivel territorial.
Se han dado a la tarea de exhibir solo anuncios clientelares para
tratar de engordar su corriente política o su partido. Y lo peor: han
tratado de controlar la comunicación con grandes inversiones y
gastos para que se difundan y defiendan solo las versiones
oficiales de lo que quieren que se sepa —y lo que no, se veta, se
prohíbe o se ataca—.
Quizá por eso no van a trascender en la historia, sino que van a
ser recordados por obras inconclusas, por proyectos que no
funcionaron y por la falta de una verdadera clase política, más
allá del aventurerismo y los oportunismos de moda sexenal.
En lo económico, se han dedicado a privilegiar la dispersión de
recursos económicos hacia las clientelas que identifican como
leales para efectos electorales, y no se han medido.
El enorme déficit presupuestal y los excesos en el
endeudamiento de las finanzas públicas no dejan la menor duda
y, tarde o temprano, les van a pasar la factura, con
complicaciones que ya están llegando a la política económica de
México. A ello se suman el alto nivel de incertidumbre y la falta de
certeza, que frenan la inversión y el crecimiento económico.
Oposiciones sí hay en México. Su presencia se refleja en los
diversos ámbitos de la vida económica y social del país. Irritación
social también, y ya les está llegando incluso a los sindicatos
oficiales, que han sacrificado su capacidad de lucha a favor de
sus agremiados por sus compromisos con el oficialismo.
Les queda la tarea a los partidos políticos y a las organizaciones
que, dentro de muy poco, habrán de entrar de lleno en las
campañas políticas y en la postulación de candidatos.
A ellos les tocará elaborar una narrativa que desmienta el
triunfalismo y denuncie los excesos para tratar de neutralizar el
descontento social y el desencanto político que ya permean a
grandes grupos de población así como a las organizaciones y
liderazgos de México.
bulmarop@gmail.com
