MIS COMENTARIOS DE HOY

Oscar Hector Paco Barrera

REFLEXIÓN VACACIONAL:

URÓBOROS: LA SERPIENTE QUE CIERRA CICLOS O SE DEBORA A SI MISMA

La figura del Uróboros, la serpiente o dragón que muerde su propia cola, es una metáfora excepcionalmente precisa para analizar la historia política de México. Representa el eterno proposito de renovación y alcanza grados de autodestrucción: un sistema que se devora a sí mismo para renacer, atrapado en un lazo donde el principio y el fin son el mismo punto.

El euróboros apareció por primera vez en el antiguo Egipto alrededor del siglo XIII a.C. y pasó a la tradición griega, no solo significa eternidad en su traducción sino la imposibilidad de avanzar en línea recta. Es el ciclo de destrucción como requisito para la creación.

En México y su historia de las transformaciones adoptadas por Andrés Manuel López Obrador, significa la aplicación de la metáfora en cada sexenio o ciclo iniciado bajo liderazgos diferentes. Asumen que todo lo hecho por la administración anterior está podrido (la serpiente devorándose) y que el nuevo liderazgo es la salvación (el renacimiento).

Lo anterior queda claro cuando los que llegan, tratan y logran

destruir los proyectos previos en lugar de reformarlos, caso Aeropuerto Internacional de la ciudad de México, eliminación del Fondo Minero y colonización del INE y el Poder Judicial; tan solo por citar algunos. De siempre, el estado mexicano invierte su energía en reinventarse, garantizando que el país regrese repetidamente a sus mismas crisis estructurales de caudillismo, corrupción, confusión y desigualdad.

En breve recorrido por el México temporal en sus etapas, basta recordar a la Revolución Mexicana, que destruyó el orden porfirista para crear un país de instituciones y justicia social. Posteriormente,al consolidarse el PRI, el sistema se devoró a sí mismo creando una nueva oligarquía y una “dictadura perfecta” (Mario Vargas Llosa, dixit), que replicaba el autoritarismo del régimen que había sido derrocado. El acierto creativo de las instituciones como forma de gobierno, las convirtieron en maquinarias de control político.

En los años 80 y 90 del siglo pasado, la tecnocracia prometió desmantelar el viejo estado interventor para insertar a México en la modernidad global. La venta de paraestatales creó nuevos monopolios privados y la transición democrática no desmanteló las redes de clientelismo político, solo las repartió entre más partidos.

Luego, en el año 2000, la alternancia democrática prometió el fin de la corrupción. El desencanto ciudadano devoró la legitimidad del modelo, pavimentando el regreso de los viejos vicios.

La promesa de una nueva gran transformación pacífica que desmantele el régimen “neoliberal” para regresar el poder al pueblo, fue una exitosas ilusión brindada a una sociedad harta de vicios políticos, sobre todo en lo se refiere al traspase del poder, como concesión temporal de “ahora te toca”.

Tan atropellado fue el arribo de la autonombrada cuarta transformación, que en la búsqueda de erradicar la corrupción, se han destruido instituciones completas, como el sistema de salud pública, de educación y economía; para reemplazarlas por modelos que, en la práctica, centralizan el poder de manera muy similar a la época hegemónica de los años 70.

La serpiente se muerde la cola al reciclar viejos liderazgos y prácticas bajo nuevos nombres. El reciclaje de las élites muestra cómo los mismos actores políticos migran de un partido a otro buscando cobijo, demostrando que lo que cambia es la piel de la serpiente, pero el organismo es el mismo.

Concluyo con que un país no puede desarrollarse si pasa la mitad del tiempo construyendo un proyecto y la otra mitad demoliéndolo. El antídoto contra el Uróboros es la continuidad institucional y un impecable estado de derecho.

El progreso real en las naciones modernas no se logra con “refundaciones épicas” cada seis años, sino con el trabajo creativo y constante para mejorar lo que ya existe y corregir lo que falla, sin tener que quemar la casa entera para limpiarla.

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