LA CUARTA TRANSFORMACIÓN: ¿QUÉ ES?

Bulmaro Pacheco.
En el discurso oficial la llamada “Cuarta Transformación” se trata
como la continuación de las grandes transformaciones que
México ha experimentado en su historia, fundamentalmente
desde 1824 con la consumación de la Independencia. ¿Realidad
o mito? Más mito que realidad y una interpretación muy simplista
de la historia que busca adornar a un movimiento político-
partidista que en sus orígenes, en 2014, con su abundante
publicidad trató de dar la imagen de que venían en serio a
transformar las realidades del México contemporáneo.


Todo el discurso oficial desde que llegaron al gobierno en el 2018
está impregnado del concepto 4T y lo usan para todo; para
campañas políticas y el mensaje de sus aspirantes a cargos
públicos, para obras oficiales, para pintar con el color guinda las
obras y edificios públicos —una estrategia que ya ha fracasado
en el pasado— para utilizar chalecos del mismo color
francamente de muy mal gusto —así como muy cursis— para
presidir eventos oficiales y para justificar su condena constante a
un pasado que no se les quita de la mente en primer lugar,
porque no han superado realizaciones que otros gobiernos
lograron y en segundo lugar, porque a pesar de las críticas
constantes al pasado inmediato —que ya no les alcanzan
después de 8 años en el poder—, viven obsesionados por el
tiempo que piensan durar en el poder, ante tanta crisis y tantos
problemas ocasionados por las debilidades humanas que se les
han presentado así como por la ineptitud e improvisación en las
tareas de gobierno y no ha sido gratuito.


Las revoluciones experimentadas en México, desde el siglo XIX
en adelante, fueron procesos que fueron madurando con el
tiempo logrando despertar la conciencia de la gente para cambiar
el estado de cosas en circunstancias francamente difíciles por lo
que significaba ser disidente del oficialismo que en aquellos

tiempos se pagaba con la muerte, la cárcel, exilios forzados —o
con excomuniones— dado el caso. Cuando se celebra a los
héroes nacionales la historia oficial moderna solo registra sus
aportaciones y sus actos de heroísmo pero no sus muertes: por
ejemplo, las muertes de Hidalgo y Morelos condenados por su
rebeldía ante el poder y la persecución de que fueron objeto. El
sacrificio de los liberales de la Reforma, algunos de ellos
perseguidos y fusilados por los conservadores, los exilios con las
dificultades de aquellos tiempos para sobrevivir con solo ideas en
el extranjero, y más recientemente los asesinatos y
persecuciones políticas provocados en toda la etapa de la
Revolución Mexicana, cuyo ejemplo más claro —y culminante—
fue el de Presidente y Vicepresidente de México, Francisco I.
Madero y José María Pino Suárez, en febrero de 1913, para dar
paso a uno de los golpes de Estado más crueles y sangrientos
que la historia de México registra.


Por eso la retórica de la autollamada Cuarta Transformación no
deja de ser retórica hueca y solo publicitaria para efectos políticos
y para tratar de conservarse en el poder a través de un
imaginario y superficial “segundo piso” (sic). A diferencia de otras
batallas políticas, la llegada al poder de Morena fue diferente y
nada que ver con las tres anteriores. Encontraron ya la mesa
servida con las sucesivas reformas que el sistema político
promovió para consolidar la pluralidad y ampliar las libertades
después de tremendos esfuerzos y conciliaciones que México
registró en su evolución democrática.


Casi todos los miembros del partido Morena, surgido en 2014,
pertenecieron en el pasado inmediato al PRI y al PRD. El PRD
les dio todo hasta que se lo acabaron al perder el registro
nacional en la elección del 2024. Creado en 1989, Cuauhtémoc
Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador fueron sus candidatos
presidenciales en 1994, 2000, 2006 y 2012 con todo y sus
aliados. Como partido político, el PRD casi nunca tuvo una
elección interna de dirigente satisfactoria y en unidad. Seguido
aparecían las llamadas corrientes internas (o tribus) que se

disputaban candidaturas —básicamente para familiares y
allegados— y espacios partidistas —para liderazgos que no
acreditaban en los hechos representación de mayorías— hasta
que el modelo terminó por agotarse y fracturarse con la salida de
los creadores originales del Partido. En muy pocos años,
renunciaron a su militancia en el PRD Porfirio Muñoz Ledo,
Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador por no
estar de acuerdo con la línea del partido de apoyar las reformas
de los gobiernos panistas y priistas que terminó de hacer crisis en
el gobierno de Enrique Peña Nieto con el “Pacto por México”.
La Independencia de México en el siglo XIX provocó poco más
de 30 años de inestabilidad política en una lucha eterna por el
poder entre los dos factores dominantes entonces: la Iglesia y el
Ejército. Pocos han estudiado el fenómeno político que dio lugar
a que los Estados Unidos de América se apropiaran de más de la
mitad del territorio nacional y nos invadieran en la guerra de 1847.

  1. Si la Independencia provocó la separación del gobierno de
    España, la Reforma promovió la separación de la Iglesia del
    Estado con todo y los costos humanos y políticos que enfrentó la
    mejor generación política que ha dado México: la de Juárez y sus
    aliados. Aún así, los conservadores de México promovieron al
    llamado Segundo Imperio que por apenas tres años encabezara
    Maximiliano de Habsburgo, fusilado en Querétaro en 1867.

  2. Juárez muere en 1872, Porfirio Díaz llega al poder en 1876, y
    aquel que había participado en campañas en contra de la
    reelección permanece en el poder hasta 1911. Durante años, las
    Leyes de Reforma fueron letra muerta y se restableció la figura
    de la vicepresidencia en 1904. México, si es cierto, alcanzó una
    etapa prolongada de paz política —muy costosa—, y avances en
    la economía y la infraestructura. La Revolución Mexicana fue al
    fondo de los problemas y por años, desde 1920 México alcanzó
    etapas de crecimiento jamás vistas en su historia, junto con los
    avances sociales que rompieron esquemas y promovieron
    cambios reales en la sociedad.

Pero la llamada Cuarta Transformación, ¿qué ha promovido?
¿Qué avances? ¿Qué logros? Al contrario, ha habido
regresiones: la polarización política porque no reconocen a otras
fuerzas políticas más que a las suyas. Se niegan a dialogar con
los adversarios porque se sienten únicos. Han desmantelado a
las instituciones que actuaban como contrapeso del poder y
México ha regresado a etapas superadas de concentración del
poder en una sola persona. No le encuentras la cuadratura al
círculo de la seguridad pública y hoy la delincuencia organizada
—asociada casi siempre con ellos—disputa el poder político en
cerca del 60% del territorio nacional. También: no han podido
superar el modelo político de transmisión del poder que se ha
visto en México desde 1934. Han dejado intactas a las
estructuras sociales y políticas que se han servido del sistema
para beneficio de sus propios dirigentes. Han aislado a México
del mundo, con una política exterior errática y sin rumbo y siguen
las crisis en sectores tan sensibles como la salud y la educación.


No hay ni ha habido tal “Cuarta” transformación y, como afirma
Fareed Zakaria: “la buena gestión de los cambios conduce a
resultados estables y satisfactorios, mientras que los cambios
mal gestionados se encaminan hacia un fracaso estrepitoso… a
pesar de su audacia política (de capturar opositores), (Morena)
no transformó inmediatamente las estructuras más profundas de
la sociedad…”. ¿Cuál Cuarta Transformación, pues? Como cliché
político —el concepto publicitario— suena atractivo, pero la
realidad los desmiente a cada momento.
bulmarop@gmail.com

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