MODELO ROCHA MOYA: ¿APLICARÁ EN EL 27?

Bulmaro Pacheco
En Morena siguen pensando que el caso Rocha Moya de Sinaloa
no los va a afectar en las próximas elecciones del 2027. Piensan
que todo sigue igual. Que la protección a ultranza que el
exgobernador está recibiendo del gobierno federal para tratar de
aislarlo de la información sobre su caso y negando radicalmente
la posibilidad de extraditarlo, aunque cada día aparezcan más
datos sobre el problema que le achacan y versiones confiables
sobre el involucramiento del personaje con la delincuencia
organizada en su entidad desde antes de la elección del 2021.


¿Por qué esa defensa tan apasionada del gobierno de un
personaje que tanto daño le ha provocado? En primer lugar, por
la pertenencia al grupo de poder de Morena que conformó en su
tiempo el expresidente Andrés Manuel López Obrador. El
razonamiento parece ser que si Rocha cae, y habla, se sabrían
muchas cosas que pondrían más en riesgo al llamado partido
Movimiento, que va apenas en el octavo año de su dominio
político nacional.

En segundo lugar, si Rocha es entregado al
gobierno de los Estados Unidos tal y como lo señalan los
protocolos de los tratados de extradición, quién sabe qué pudiera
revelar allá que pudiera comprometer aún más al llamado partido
Movimiento, poniéndolo en serio riesgo de viabilidad política en el
mediano plazo, cuando están por definirse 17 gubernaturas y 500
miembros de la Cámara Federal de Diputados.


Más allá de la excesiva protección a Rocha Moya y a su grupo, el
gobierno federal debería convencerse de que toda la información
que ha proporcionado al respecto ha sido rebasada por la
realidad de las versiones personales de los principales actores
que vivieron de cerca la crisis de Sinaloa, tanto lo que atañe a la
elección del 2021 como a los acontecimientos violentos del 2019
—cuando pudieron aprehender a uno de los hijos de Joaquín
Guzmán— y los que involucraron el traslado de Zambada en el
“mayor misterio mexicano” de julio del 2024, que todavía se sigue
discutiendo en medio de contradicciones y versiones encontradas, que en lugar de aclarar el asunto le aportan
mayores ingredientes de confusión y tensión en la relación entre
los gobiernos de México y los Estados Unidos.


Morena busca con urgencia un modelo alternativo al de Rocha
Moya para aplicarlo en las elecciones del 2027, pero todavía no
lo encuentra. Tal vez por eso adelantaron los tiempos,
pretendiendo contar con aspirantes definidos a las gubernaturas
con mucho tiempo de anticipación a junio del 2027. Al respecto,
surgen varias interrogantes: ¿De dónde saldrá el financiamiento
de las campañas de los morenistas con tanto tiempo de
anticipación? Los antecedentes revelados de financiamientos
oscuros derivados de actividades ilícitas o de dinero público
hacen pensar que el modelo Rocha Moya terminará por
imponerse en campañas tan largas y tiempos tan estirados de
aquí a la elección del próximo junio.

¿Si no, cómo? ¿Cuál será el papel de los organismos electorales encargados de la vigilancia y
el control de los procesos internos de los partidos políticos y la
aplicación de las leyes electorales? Los casos recientes nos
hablan de un control total del oficialismo sobre los organismos
electorales, así que no debemos esperar nada acerca del control
y la mediación que deberían ejercer para evitar que las largas
campañas deriven en exceso de gastos y violación de los
tiempos electorales señalados en las leyes respectivas.

El problema será para las oposiciones, que en esa materia no
encontrarán piso parejo y poco les servirá acudir a las instancias
electorales controladas de antemano por el oficialismo. Ya se vio
en el caso de la alcaldesa de Acapulco —que sin ser tema
electoral— la Suprema Corte de Justicia la absolvió de
señalamientos graves realizados por la Auditoría Superior de la
Federación en torno al manejo de 900 millones de pesos. ¿A
dónde fueron a parar esos millones?


El verdadero dilema del modelo Rocha Moya para las próximas
elecciones será el del control político territorial de parte de los
grupos fácticos y los intereses creados de la delincuencia
organizada, que aspiran a mantener el control regional en algunas entidades a través del financiamiento de campañas
políticas y el condicionamiento político pactado con algunos
partidos y las fuerzas en juego, para asegurar el control de
regiones y cargos públicos estratégicos negociados previamente,
como ha demostrado de sobra el modelo Rocha Moya 2021.


Los partidos de oposición deberán elaborar una narrativa creíble
y práctica sobre los modelos aplicados por el oficialismo en
tiempos electorales. No es cierto que ya todo esté decidido de
aquí a junio del 2027. La realidad política para el oficialismo ha
cambiado aceleradamente en la medida en que también crece la
inconformidad social con sus gobiernos. La mala negociación con
el gobierno de los Estados Unidos ha caído como bomba en los
sectores productivos nacionales, que ya no ven cómo salir de
problemas que antes —en tiempos del odiado neoliberalismo—
se manejaban con un mayor pragmatismo y eficacia.

Los ganaderos acaban de cumplir un año sin exportar ganado a los
Estados Unidos por los problemas del gusano barrenador,
creados por el propio gobierno de la autollamada Cuarta
Transformación. Los inversionistas del sector automotriz están
migrando a los Estados Unidos para evitar el problema de los
aranceles. El TMEC, que tantas satisfacciones le generó a
México a partir de su firma en 1994 —también en tiempos del
denostado neoliberalismo—, ha sufrido una interrupción al
decretar el gobierno americano que se negociará cada año en los
próximos diez años.

El déficit público sigue creciendo en relación
al PIB, así como el endeudamiento, que no para desde que
López Obrador multiplicó la deuda recibida en 2018 de 10 a 20
billones de pesos, provocando con ello una sequía financiera en
el gobierno que ya se está reflejando en lo cotidiano y en los
servicios directos a la gente.


Al oficialismo se le agota la “presunción de eficiencia” en relación
a la “disminución de la pobreza” y los efectos del “incremento de
los salarios mínimos”, al notarse cada día una mayor cantidad de
gente en las calles limpiando vidrios de los vehículos y vendiendo
frutas, así como una mayor migración hacia las áreas urbanas delas grandes ciudades para buscar satisfactores que no
encuentran en sus comunidades.


Mucho que desmitificar y debatir sobre las verdades del
oficialismo, que por ahora están en charola de plata para las
oposiciones y sus ofertas electorales para el próximo año.
Faltará, claro, en las oposiciones, desmitificar la versión del
oficialismo de que con cualquiera ganan, como si los electores no
hubieran evolucionado de forma tal que por ahora los estudios de
opinión señalan que el elector se fijará más en la gente que
postulen que en el partido de origen. Y también cuidar la unidad
interna de los partidos opositores. Habrá quienes quieran
rebasarlos con candidaturas prematuras e imposiciones de los
intereses en juego. O confundirlos con candidatos importados
ante la falta de buenas opciones locales que, por lo que se ve, ya
tienen tiempo trabajándolas.


Nada para nadie todavía, y todavía falta mucho que ver en el
desenvolvimiento de los acontecimientos políticos y de seguridad
que ya le pesan a Morena y que aún no saben cómo manejar con
eficacia y visión de Estado.
bulmarop@gmail.com

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